Aplicaciones Gratuitas: «Cuando el producto eres tú»

A lo largo de las últimas décadas la humanidad ha realizado una carrera contra reloj para lograr la implementación de la digitalización en todas las actividades humanas, tal vez por ello el Foro Económico ya nos vaticina la Cuarta Revolución Industrial bajo la promesa de la incorporación de la digitalización de las personas, pasando del Internet de las cosas al Internet de las Personas.

Y antes de llegar, a un proceso masivo y acrítico de las diferentes aplicaciones y dispositivos que comienzan a debutar en el mercado, tal vez sea el momento de detenernos un poco a reflexionar sobre la necesidad de seguir participando en esa carrera.

Uno de los puntos a evaluar sería la distribución real de los beneficios de la digitalización, al fin y al cabo la mayoría pagamos un recibo más a fin de mes, y realmente ello pocas veces repercute en ingresos adicionales, algunas veces por el contrario debemos asignar nuevos presupuestos para efectos secundarios como los derivados de hábitos sedentarios, las perdidas de tiempo de navegaciones sin fin en redes sociales, las consecuencias de ciberadicciones, los riesgos de ciberataques y demás procesos de homogenización de consumidores, entre ellos la mediación de las tecnologías como requerimiento para el acceso a derechos fundamentales como atención médica, ejercicio de ciudadanía, procesos de identificación o movilidad, entre otros.

Por ello, está entrada es una invitación a revisar tu móvil y los permisos que has otorgado sobre tus datos y dispositivos, para ello debes ir a la rueda de Configuración, luego haces clic sobre Aplicaciones y de nuevo haces clic sobre Permisos. Allí podrás encontrar de acuerdo con tu dispositivo, cuatro tipos de Permisos: 1) Inicio Automático (aquellos que se ejecutan sin hacer clic sobre el ícono de la aplicación), 2) Permisos de Apps ( Aquellos que están asociados a cada App y las funciones, incluidos procesos de recopilación de tus datos y comportamiento online, que pueden o no ser compartidos con terceros ahora o en el futuro), 3) Otros permisos (tienen que ver más con las configuraciones del sistema, acceso a red, notificación y ventanas) y por último, 4)Instalar vía USB.

Si nos detenemos en los permisos de Apps, observamos acceso a información que depositamos en: Calendario (dónde estamos, con quién, cuando y para qué), Contactos (nombres, números de teléfono, empresa, dirección, etc.), Cámara (tomar fotografías, grabar vídeo), Espacio de almacenamiento (Almacenar material y descargar archivos con o sin notificación), Micrófono (Conversaciones), Registro de llamadas (Números, tiempos), SMS (Recepción y envió), Sensores corporales (podrían inferir desplazamientos personales, velocidades, y nutrir/perfilar acorde a algoritmos para determinar patrones individuales y colectivos), Teléfono (Volumen, contactos, números, marcación), Ubicación (aproximada y específica), Email (correos electrónicos y contenidos totales o parciales), Información del vehículo (número de identificación, seguro, velocidades, ubicación, datos propios), Leer mensajes (contenidos enteros de información personal propia y de terceros), Escribir mensajes instantáneos (emitir respuestas sin notificación), Información biométrica y huella dactilar, Historial de compras, Medios de pago (Tarjeta de pago, fecha de vencimiento).

Y justo en ese momento se puede entender el avance exponencial de las ciencias de los datos, los avances de algoritmos y patrones, gracias a la falta de atención y de valoración que hacemos sobre los mismos, así como a una falta de regulación, en medio de un creciente dominio de los monopolios, que permiten que en épocas difíciles las empresas de datos entreguen beneficios con márgenes de utilidad impensables, mientras el resto, como consumidores nos repartimos las perdidas, porqué en realidad en el fondo del proceso de digitalización, es un gran mercado «gratuito de aplicaciones y servicios de la digitalización» que pagamos con nuestra privacidad, derechos, libertades e incluso nuestros recursos, porque en realidad cada uno de nosotros es el «producto» a vender en las Sociedades del conocimiento.

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